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Taller de Teatro
Semana 31

Región Puno

El Mito del EKEKO

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Popularizado con el nombre de Ekhekho, era el dios de la fortuna y de la prosperidad entre los antiguos kollas. Algún cronista lo ha confundido con Wirakhoeha: Bertonjo lo llamaba también THUI'1NUPA, en la creencia de corresponder ambas denominaciones a una sola persona cuando fueron distintas, con leyendas diferentes.
Al Ekhekho se rendía culto constantemente, se le invocaba a menudo y cuando alguna desgracia turbaba la alegría del hogar. Su imagen fabricada de oro, plata, estaño, piedra y aún de barro, se encontraba en la mayoría de los hogares en un lugar preferente. Se le daba la forma de un hombrecito panzudo, con un casquete en la cabeza unas veces y otras con un adorno de plumas o bien cubierta por un chullu puntiagudo; con los brazos abiertos y doblados hacia arriba, las palmas extendidas y el cuerpo desnudo y bien conformado. Este idolillo encargado de traer al hogar la fortuna y la alegría y de ahuyentar las desgracias, era el mimado de las familias; el inseparable compañero de las casas. No había choza de indio o andino, donde no se le viera cargado con los frutos menudos de la cosecha o retazos de telas o lanas de colores, risueño, con los brazos abiertos. Lo hacían de distintos tamaños, pero el más grande no pasaba de una tercia de largo.
El padre Bertonio en su notable Vocabulario aymara, dice: "Ecaco y Thunnupa nombre de quien los andinos cuentan muchas fábulas; y muchos en estos tiempos las tienen por verdaderas; y así sería bien procurar de hacer esta persuadió que tienen, por embuste del demonio'.
Esas fábulas a las que refiere Bertonio, son los milagros y recompensas que los andinos contaban haberlos recibido del EKAKHO o EKHEKHO y la ciega confianza que tenían en él, la cual no pudieron desvanecer los misioneros con sus prédicas ni persuasiones.
La fiesta sagrada del Ekhekho antiguamente los andinos lo recordaban en el solsticio de verano; donde los agricultores le ofrecían algunos frutos extraños de sus cosechas. Posteriormente en el sector citadino se celebra en la fiesta de Alacitas en la ciudad de Puno, en l avenida Floral, de esta manera los industriales le ofrecen objetos d arte, tales corno utensilios de cerámica, tejidos primorosos y alimentos principales que en la actualidad se emplean, pero en miniatura Antiguamente el que no podía dar de lo suyo, adquiría esos objetos piedrecillas que recogían del campo y que se distinguían por alguna extraña particularidad, nadie podía negarse a recibirlas a cambio de su objetos, sino quería incluir en el enojo del Ekhekho, a quien ¿ recomendaba; por cuyo motivo se hizo de su uso corriente tal sistema de compra-venta.
Durante el período colonial continuaron los Ekhekho imperando en las creencias populares y siendo objeto de veneración, sin embargo de los esfuerzos que hacían los misioneros para ridiculizarlos y arrancarlos de las costumbres. El Ekhekho salió victorioso de la dura prueba; se impuso a pesar de todo y su fiesta siguió celebrándose.
¿Cómo llegó a imponerse este culto? la tradición cuenta que apenas se trasladaron los fundadores españoles de la antigua ciudad de San Luis de Alba, al actual lugar donde se encuentra la ciudad de Puno, se unieron españoles con andinos, donde se contagió la celebración al llamado Ekhekho. Una noche los españoles se contagiaron de esta fiesta, disfrazados de zarandajas, papel cortado, sombreros caprichosos de cartón. Cubierto el rostro con caretas y barbas de chivo. Los moradores andinos quisieron también por su parte contribuir a solemnizar la fiesta nocturna llevando pequeños ídolos de piedra en mano unos a otros, ofreciendo en venta objetos en miniatura de arte productos en miniatura a cambio de piedrecillas planas, que era la moneda usada.
En esa fiesta ocurrió al final, que los jóvenes aprovechando del bullicio y del desorden dominantes se 4 de las j concurrentes y se las llevaron cada chal con la que tenía algún entendimiento y amor. Estas costumbres licenciosas se han perdido con el tiempo. Algunos idolillos los hicieron demasiado panzudos y parados vestidos de túnicas hasta las rodillas, otros con la cabeza descubierta.
En los años sucesivos fueron modificados las costumbres de adquirir objetos con piedras, a las que se daba valor, sólo en esa fiesta con botones de diferentes tamaños, lucios y brillantes y por último los botones fueron sustituidos con monedas corrientes. La práctica consentida y generalmente celebrada de permitir a los muchacho arrebatar a sus dueños las especies sobrantes de la venta del día, apenas tocaba la oración y comenzaba las sombras de la noche a cubrir la plaza antigua de Puno. También ha desaparecido. Si antes en honor al Ekhekho nadie debía regresar a su casa lo que había destinado vender o permutar ese día.
Lo que al principio tuvo un aspecto religioso y pagano, e ha convertido poco a poco en feria industrial de miniaturas y lo que es más singular en tina oportunidad para adquirir al legendario Ekhdkho, que se encargue del cuidado de la casa del adquiriente. El idolillo que en tiempos pasados era objeto de veneración únicamente de los andinos, hoy es acatado por todas las clases sociales. Rara se la familia que no tenga acomodado en sitio visible de sus habitaciones un Ekhekho, cubierto de dijes y pequeños instrumentos u objetos dejarte diminutos y en quién confían los moradores de la casa que atrae la buena suerte al hogar y evitar que les sobrevenga infortunios.



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Lucio Carrasco Arriaga

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