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Taller de Teatro
Semana 14

Región: Cajamarca

EL PRISIONERO DE XAUXA - TAMBO

Los altivos e indómitos Wankas, ocupaban las tierras que riega el Rio Grande, valles ubérrimos se extienden a lo largo de éste, y donde la vida es risueña y fértil. Pero, los dones, en la tierra, están pendientes de quien gobierna el Cielo y su voluntad sólo es la que prevalece, ésta dispuso que de lejos vinieran unos guerreros, conducidos por quieb se tenía como hijo del Sol, y nada pudieron ni el coraje ni el esfuerzo de los Wankas, fueron vencidos, sus dioses callaron, seguramente eran menos fuertes que el Dios de los Incas, éstos establecieron su dominio en el hermoso valle del Rio Grande.
Los conquistadores eran humanos y comprensivos, no destruyeron ni robaron, no mataron ni ejercieron venganza y así la tribu subyugada, no sintió duras las cadenas de sus nuevos señores.
Sobre Xauxa-Tambo, en la cumbre del cerro que aún se llama Huanca, adviértense los vestigios de una fortaleza en otro tiempo famosa por su seguridad e importancia, una vieja tradición concorde, en parte con la historia, señala ese lugar como el encierro postrero del Inca Huáscar, encerrado allí cuando su hermano paterno, atahualpa, le venció, y refiere su triste final del siguiente modo:
Son os días extraordinarios en que los hombres blancos y barbudos, venidos de lejanos países, han llegado, llevando como símbolo una cruz.
El Imperio se agita a impulsos de presentimientos funestos, los sacerdotes y amautas que estudian en el firmamento el destino de los seres humanos, advierten señales siniestras y juzgan que algo grave y trascendental prepara el destino al pueblo de los Incas.
Atahualpa está en Cajamarca, la victoria contra su hermano y la completa posesión del Imperio, ha transtornado su mente y endurecido su corazón, ha hecho correr a torrentes la sangre de sus mismos deudos, cegado por la ambición, y su impudicia ha disgustado al Padre Sol. Allí recibe la noticia de la presencia de los españoles y los espera, cerca está el momento en que va a jugarse su muerte; pero en su soberbia acaso no lo presiente.
Huascar languidece en el castillo de los Wankas, que guarda rigurosamente Calcuchima, tío materno de Atahualpa. No es extraño a la inquietud del pueblo, ha visto las grandes llamaradas prendidas en las cumbres de los cerros que anuncian noticias graves; ha oído a lo lejos el eco del pututu y su espíritu conturbado vive atento y prevenido.
Si no fuera por el cariño que ha sabido inspirar el infeliz, a la bella Cori hija del viejo Calcuchima, la desesperación habría dado fin a su existencia. cori supo dulcificar sus penas, y de noche cuando el silencio reinaba en la vetusta y fría fortaleza, iba al aposento del príncipe y pasaban horas de tierno y arrobador coloquio. Ella sorprendió los secretos de su padre, oyendo a los chasquis venidos de Cajamarca, que portaban la noticia de la prisión de Atahualpa y la orden expedida reservadamente por éste, de impedir cueste lo que costare, que Huáscar pudiera ponerse en relación con los extranjeros que se dirigían al Cuzco pasando por ese lugar. La muerte del prisionero estaba así fijada. Cori anegada en llanto, esa misma noche participó a Huáscar la infausta nueva.
¡Quién era capaz de detener la mano del destino!.
¡Quién iba a impedir que se consumara el hecho ya en camino!
Cori y Huáscar, sabían que no podían contar con nadie. el viejo Túpac, último descendiente de los jefes Wankas y a quien estimaba Cori, por su sabiduría y bondad, vivía alejado, en la quebrada, como el cóndor, en la soledad y el silencio, a él únicamente podían pedirle consejo o ayuda pues, le había confiado el secreto de su amor con Huáscar y lo amparaba, pero el tiempo, apremiaba, era indispensable obrar rápidamente. Cori, conocía, por habérselo enseñado su padre, un pasaje secreto que de un pasadizo de la fortaleza descendía al llano y llegaba hasta la orilla del río, en un paraje solitario.
Yupanqui, teniente de Calcuchima, soldado feroz de terrible aspecto, pero, valiente y sobre todo leal al Inca, por lo que era grato a su jefe, estaba enamorado locamente de Cori, advirtió su desvío para con él, pues le desechaba decididamente, como todo celoso amante, inquirió el por qué de esta repulsión y pronto se dió cuenta de los amores de Cori con Huascar. su odio a éste creció, se hizo mortal; guardó el secreto para sí , y quiso ver hasta dónde llegaba el cariño de cori por el prisionero.
Calcuchima meditaba la forma de cumplir las instrucciones de Atahualpa repsecto de Huáscar, le era duro poner la mano sobre el hijo de su llorado señor, Huayna Cápac, pero al mismo tiempo, comprendía que su vida era una constante amenaza para la seguridad de su sobrino, atahualpa, ¡Ay de ellos si algún día recobraba el poder el destronado monarca peruano, recientes estaban las horribles matanzas llevadas a cabo en el Cuzco, en los miembros de la familia Imperial!. La presencia de los españoles aumentaba el peligro, ¿Quién podía, en efecto, asegurar que despertando la codicia de éstos no pudiera Huáscar obtener su ayuda?. La muerte del prisionero era así indispensable.
Cori, desolada, comprendió el siniestro propósito de su padre y no vio sino un medio de defraudarlo, la fuga de su amado . Pocos eran los que conocían el pasadizo oculto; espera que la Luna propicia asome su faz, es el plenilunio, cuando cree a todos entregados al sueño, corre al encierro de Huáscar, llevando el vestido con el que debía disfrazar su persona y le guía, conduciéndole por el estrecho sendero, el silencio les ampara, risueñas esperanzas alientan a los fugitivos, avanzan, cerca sienten ya el murmullo del agua que anuncia la esperada salida.
Yupanqui no duere, ¿qué amante celoso descansa cuando la sierpe que lleva metida en el corazón le muerde las entrañas?. Ha descubierto la maniobra de Cori y está resuelto a impedir que salve al prisionero, busca a Calcuchima y le da la noticia. No puede ser, grita enfurecido el viejo soldado. -¡Ay! de ambos, si eso es verdad.- Coge su arma y seguido de Yupanqui van en pos de los fugitivos y dan con ellos, al distinguirlos Calcuchima se vuelve contra Cori llamándola infame, Huáscar se pone delante suplicando la perdone pues ella no tiene ninguna culpa, más, ahí en su presencia, cae la desgraciada Cori, luego vuelve a Huáscar su arma todavía ensangrentada, diciéndole: -Estás condenado a morir por mi Inca y Señor, - le asesta golpe mortal. Huáscar no puede defenderse, está sin armas y apenas tiene vida para exclamar: "Dí a Atahualpa que de todos los agravios que ha inferido a mi pueblo y a mí, pediré castigo a Viracocha y que emplazo a que comparezca ante la sombra de nuestro Padre y Señor Huayna Cápac"...
Nadie sino Yupanqui fue testigo de este horrendo crimen, el secreto quedó firmemente guardado.
Poco tiempo después tiene lugar en Cajamarca el Consejo de los conquistadores para decidir la muerte de Atahualpa; es la víspera, el Inca solitario, en su habitación , no duerme y así lo hace en su sueño interrumpido e inquieto, le intranquiliza el aspecto de Pizarro, teme por su vida, ya no tiene fe en las palabras de los codiciosos españoles, tiembla por su Imperio. Es de noche, de pronto se agita un cuerpo en las sombras de su habitación y ve perfilarse la figura alta, delgada y venerable de un anciano indio que ha podido llegar hasta cerca de él: -"¿Quién eres, le dice, que quiéres de mí?.
Es el viejo Túpac el último Wanka que se expresa así : "Soy de lugares alejados, he estado en Xauxa y vengo, cumpliendo una órden de tu hermano Huáscar, a darte un mensaje. en noches pasadas, mirándo el cielo, mi oficio es escuchar la suerte de los hombres en el brillo de las estrellas, en una de ellas descubrí el espíritu de Huáscar, quien , por permisión de Viracocha, me ha hablado y me ha dicho: ¡apresúrate!, corre y anuncia a Atahualpa que ya se acerca la hora en que va a comparecer ante el Inca, nuestro Padre, y dile que Viracocha enojado con él y con los suyos, no quiere ya escucharle ni oir sus ruegos, y los ha abandonado en manos de los extranjeros". El Inca se enfurece, comprende que es un peruano partidario de Huáscar quien viene a echarle cara la muerte de éste y quiere arrojarse sobre él, pero el anciano desaparece.
Atahualpa en vano quiere tranquilizar su corazón , las palabras del mensajero han turbado su espíritu, intenta animarse, engañarse a sí mismo, diciendo: "Pizarro es mi aliado, los españoles son mis amigos . Si quieren oro, más oro les daré para que continúen siéndolo y viviré, si, viviré, lo que dice el viejo es mentira, mi destino no puede acabar así".
Atahualpa fue condenado; cuando lo conducen al lugar del suplicio y es más triste y lúgubre el camino que recorre, distingue al pie de la hoguera, hierática, dura e inflexible, como la conciencia, la figura del anciano, a su vista, túrbase , recuerda la suerte de su hermano, baja la frente y lágrimas de arrepentimiento corren por sus mejillas, ¡Inca desgraciado!, cumpliendo la misteriosa ley que rige el mundo, paga, a su vez, tributo de sangre y de dolor, a la perfidia y ferocidad de un enemigo sin conciencia, tal como él hizo con Huáscar, dueño legítimode la tierra que le ve, ahora, morir de muerte ignominiosa.

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Colegio Científico Albert Einstein

Ciencia Joven... en Acción

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Lucio Carrasco Arriaga

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